Este bioma del Caribe colombiano no solo ofrece servicios ambientales para las comunidades que lo rodean, además tiene frutos con alto valor nutricional que alimentan a las especies que lo habitan, y a las personas que buscan conectar con las maravillas del bosque.  En época de cosecha, el suelo del bosque se llena de diferentes frutos. El orejero deja caer sus semillas en forma de orejas de elefante, mientras que el ciruelo desprende de sus hojas la fruta que todos conocemos. Los árboles de mango deleitan con su aroma y color todo el panorama, a la vez que los monos disfrutan de las semillas del guáimaro como alimento.

Cada temporada de cosecha es una oportunidad de recolección y aprovechamiento para las comunidades que viven cerca al bosque. Gracias a la variedad de especies vegetales, los campesinos gozan de abundancia de diferentes árboles, por ejemplo,  en febrero y marzo los protagonista son el mamón, el ciruelo orejero, el mango, el tamarindo, el marañón y el achiote; para junio y octubre es la recolección del guáimaro que ocupa las manos de los campesinos. La gente recorre las hectáreas del bosque para darse a la tarea de recoger los frutos que serán utilizados para crear los productos de Tamandúa. 

 Nuestros productos nacen de las cocinas tradicionales del caribe, mujeres y hombres han consumido por años la harina de guáimaro para alimentar a su familia. Son estas preparaciones tradicionales con los frutos, la inspiración para generar una alternativa económica que retrate el consumo tradicional y sostenible de los que nos brinda el bosque seco tropical.  Los habitantes del campo y del bosque han logrado una temporalidad natural de respeto por los ciclos de lluvia, sequía, floración y fracturación, como un escape a la lógica productiva del monocultivo. Por el contrario, la gente de estas comunidades han logrado una sinergia ambiental para fomentar la abundancia de estos frutos sin poner en riesgo el ecosistema.  

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